Como estamos en otoño, hoy hablaré de un tema de temporada. Una de las principales consecuencias de tener un micólogo de profesor de botánica durante la carrera es que terminas sabiendo un montón sobre hongos. La otra es que, comparativamente, de angiospermas no tienes ni pajolera idea. Bueno, la realidad seguro que se encuentra en algún punto intermedio, pero lo que sí es cierto es que gracias a él descubrí la increíble diversidad que existe en ese reino que llamamos de los hongos.Podríamos empezar diciendo que ser un hongo fue siempre más un modo de vida que otra cosa. Ya sabéis, aquello que ni vegeta ni se mueve y que vive de descomponer al prójimo. Dentro de ese cajón de sastre saprofítico han entrado cosas que hoy sabemos que son algas o protozoos y al final también se han incluído otras como los líquenes que antes se pensaba eran un tipo de planta. Quién nos lo iba a decir, toda la vida pensando que había levaduras, mohos y setas y resulta que eso son sólo tipos morfológicos que pueden adoptar los hongos, y que no son desde luego los únicos.
El problema de los hongos es que son una cosa tan aparentemente sosa que a casi nadie le apetece estudiarlos y los micólogos que en el mundo han sido han ido todos de cabeza a por setas y líquenes, que son los más vistosos. El caso es que cuando me tocó estudiarlos, las clasificaciones que teníamos que empollarnos eran lo menos cladístico que os podáis imaginar. Creo recordar que hasta un clase había para "otras cosas", hongos tan raros o con organos sexuales no aparentes, o cuyo ciclo vital no se conoce al completo, y que por tanto no podían ser asignados a uno u otro grupo.
Así las cosas, había 4 grupos de hongos más o menos fáciles de reconocer: Basidiomycota y Ascomycota son los grupos en que se clasifican las setas, colmenillas y similares (y también la inmensa mayoría de los líquenes, por cierto, y hablando de hongos raros, las levaduras y la mayoría de los mohos son ascomicetes). Los otros dos grupos son Zygomycota y Chytridiomycota que, a pesar de ser considerados más primitivos, son bastante más raros (aunque, en este reino de las excepciones, uno de los mohos más común es un zigomicete: Rhizopus stolonifer es el moho del pan).
Pues ahora resulta que nanay, que de esos cuatro los únicos que son auténticos taxones válidos son los dos primeros (y un quinto que no mencioné), los otros dos son grupos parafiléticos que representan grados morfológicos y no relaciones de parentesco. Al menos esa es la conclusión de un trabajo publicado esta semana en Nature. Los autores (los 70 de ellos) llegan a esta conclusión después de realizar un árbol filogenético basado en las secuencias de 6 genes obtenidas de cerca de 200 especies. Vale que hongos haya muchos, pero tal cantidad de especies en un estudio es una auténtica pasada (todos deberían ser así pero, por razones prácticas, no lo son; quizá esto explique por qué han colaborado 35 laboratorios en la realización de este artículo) así que las conclusiones son todo lo robustas que uno pudiera esperar. El árbol de esta figura que véis es una simplificación, para los que quieran tener más detalles mejor esta figura del artículo que hasta incluye la evolución de sus modos de vida.
De este árbol también podemos extraer un resumen de la evolución de todo el reino: a partir de unos protozoos flagelados con un modo de vida probablemente saprofítico surgen las primeras formas fúngicas, cuya morfología y ciclo de vida serían muy parecidas a la de la mayoría de "quitridiomicetes" de hoy en día, hongos que vivirían en agua dulce y que poseerían gametos móviles. De este grupo surgiría otro tipo de hongo que hoy sería llamado zigomicete, un moho con una reproducción sexual de lo más rara (las hifas de los micelos de distinto sexo se fusionan) cuyas esporas ya no son móviles. Y de este grupo a su vez saldría un hongo que será el antecesor común a los Glomeromycota (ese quinto grupo que no había oído en mi vida y que resulta que antes se consideraba un tipo de zigomicetes, por lo que probablemente este antecesor común fuese muy probablemente parecido a ellos) y el resto de hongos, rebautizados como Dikarya. El nombre lo dice todo: las células sexuales de las hifas de estos hongos tienen 2 núcleos, es decir, después de fusionarse los talos de distinto sexo, los núcleos no se fusionan como en los zygomicetes, sino que permanecen independientes hasta que se forma el cuerpo fructífero (las setas y demás, vamos). De este tipo de hongos tenemos 2 sabores: basidiomicetes y ascomicetes, dependiendo del tipo de órgano sexual que produzcan y cuya división dicotómica me recuerda enormemente a la separación entre protóstomos y deuteróstomos, que uno no tiene muy claro qué tipo es el más basal.
Resumiendo: la misma historia que nos contaban los micólogos en clase, solo que echando por tierra casi toda la taxonomía.
Como otra curiosidad, los microsporidia son hongos. Derivados, sí. Basales, sí. Pero hongos.



