2006-06-14

    La comunicación científica. I. El libre acceso al conocimiento

    Hubo un tiempo en el que uno miraba el mundo que le rodeaba, reflexionaba sobre lo que observaba, y si no tenía otra cosa mejor que hacer, ponía por escrito las conclusiones a las que había llegado. A esta gente se le llamaba filósofos, porque lo hacían por amor al arte. Lo de publicar, me refiero. No escribían con la intención de hacerse de oro (que generalmente ya estaban bien surtidos del metal), sino con la de difundir al máximo su conocimiento. Lo que no era mucho, la verdad, porque los libros eran auténticos artículos de lujo. Total, que el máximo a que llegaba a difundirse el conocimiento era la comunidad de ociosos potentados con cierta curiosidad intelectual. O sea, otros filósofos.

    Y llegó la imprenta, y con ella se abaratan los costes de producción y distribución de los libros, así que la comunidad receptora de los ensayos filosóficos aumenta (en parte, también, porque esto de descubrir nuevas tierras allende los mares es un chollo y el número de potentados crece; la ociosidad es algo que da el dinero). Y como el círculo estaba haciéndose ya un poquito amplio, algunos de estos filósofos deciden diferenciarse del resto. Científicos, se llaman, y su manera de explicar el mundo es diferente. Método científico, le dicen. Pero si metodológicamente se diferencian del resto de filósofos, hay algo que siguen haciendo igual: escribir tochos infumables que sólo leen sus colegas.

    Pronto el número de científicos fue tan grande que nadie tenía tiempo para leer lo que los demás escribían, contestarles y además hacer experimentos (ejem), de modo que empezaron a formar sociedades, clubs de aficionados a las ciencias, donde de cuando en cuando se juntaban todos los que podían acudir y el que quería presentaba oralmente y por escrito sus últimos descubrimientos, que eran a continuación debatidos.

    Fast forward, que la intro está quedando larga. De tomar notas mientras uno observa dos mariquitas copulando y quizá luego comentar el asunto en la plaza de la polis (el sexo entre mariquitas parece que fue un tema popular en la antigua Grecia), pasamos a tomar notas en el cuaderno de laboratorio y comentar el asunto luego en las reuniones de grupo o frente a la máquina de café. Dicho así la labor del científico parece haber cambiado poco, pero ese es sólo el principio de la difusión del conocimiento.

    Porque la difusión del conocimiento es el fin último de la ciencia. Primero, porque sin difundir tus resultados, otros investigadores no podrían tenerlos en cuenta y se podría caer en el absurdo de que todos los científicos del mundo estuviesen investigando (¡y resolviendo!) el mismo problema. Segundo, porque al difundir tus resultados das pie para que otros investigadores los comprueben (y te den la razón) o los refuten (y aunque tú salgas escaldado, la ciencia avanzará en el sentido correcto). Conforme crece la comunidad destinataria de esta difusión (unos creen que es se restringe sólo a la comunidad científica, otros abogan porque la ciencia debe rendir cuentas a la sociedad, yo creo que en realidad se trata de un gradiente), así se complica el proceso de divulgación. Pasamos de charlar en el ágora, mandar cartas a los filósofos de otras polis y quizá llegar a escribir algún libro a participar en congresos internacionales, redactar artículos que se publicarán en revistas especializadas que llegan a todas las universidades y centros de investigación del mundo (en potencia, hablare sobre eso más adelante), y quizá llegar a escribir algún libro.

    En esencia el procedimiento es el mismo, pero la magnitud de la conversación científica ha aumentado exponencialmente. Si el filósofo griego no escribía un libro para sacarse unos cuantos dracmas, el científico moderno tampoco lo hace. El libro del griego era caro de producir y caro de distribuir, y el mercado era reducido. El artículo/libro del moderno es barato de producir, barato de distribuir, pero el mercado ha aumentado muchísimo (quizá por eso los costes de producción hayan caído en picado, si hacemos caso a los economistas). El caso es que aunque producir un libro se haya abaratado, el monto total de la producción y distribución sigue siendo algo que difícilmente pueda salir del bolsillo del científico. Por eso existen las editoriales y por eso las revistas científicas sólo llegan allá donde se puedan permitir una suscripción (que no suele ser moco de pavo).

    Sin embargo sucede que el mundo moderno no es la Grecia clásica donde los libros tengan que ser de fino pergamino o cuero y tengan que recorrer el mundo a bordo de un trirreme tirado por esclavos. Tenemos Internet, for Darwin's sake, y un texto, científico o no, es información que puede viajar en formato electrónico. Si no hay que comprar papel, tinta, imprentas, pagar sueldos a la legión de enanos que mueven los tipos ni a los gnomos que llevan las revistas a todas las universidades... ¿por qué seguir haciéndolo? Ciertamente hay costes nuevos: mantenimiento del servidor, conexión a la red, pero no son tan tremendos como para justificar los precios que se piden (y, recordémoslo, el científico no sólo paga por leer un artículo, sino también por publicarlo, y añadamos los ingresos por publicidad --cualquiera que haya hojeado un Science o Nature sabrá a lo que me refiero).

    O igual es que a los costes intrínsecos de producción hay que sumarles otros. Los sueldos de los editores de cada revista. Los sueldos de los que llevan las cuentas de la empresa. Los sueldos de los dueños de la empresa.... Vamos, que si las editoriales no se adaptan al nuevo medio completamente es por defender su posición.

    Pero nada puede frenar el avance de la ciencia, las leyes de la economía están de nuestro lado. Cuanto más barato sea algo, más gente podrá comprarlo. Si lo das gratis.. ¡todo el mundo puede tenerlo!. Claro que así no tendrías ingresos directos, pero seguro que tanto tráfico te da alguna idea sobre ingresos indirectos... Aparte que claro, siempre te puedes declarar una organización sin ánimo de lucro y pedir subvenciones a organismos estatales, aceptar donaciones, y quizá mantener lo de cobrar al autor (al fin y al cabo hoy en día sin un buen fajo de $$$ no se hace ciencia, y ese fajo no sale de tu bolsillo sino del presupuesto de alguna entidad financiadora).

    Y si el artículo es de libre acceso, entonces cualquiera podrá ponerlo en su página web, y las bibliotecas podrán tener catálogos accesibles online, y cuando alguien busque referencias usará el Google Académico o alguna red P2P y encontrará varios sitios desde los cuales descargar el artículo. Sí, esto disminuirá el tráfico (aunque sin duda la página de la revista será el primer resultado de cada búsqueda, o debería) y con él los ingresos indirectos, pero a cambio también disminuirán los costes de mantenimiento.

    ¿Es esto una utopía? No. Ya existen Iniciativas de este estilo, como la Public Library of Science (PLoS para los amigos) que se define a sí misma como "una organización de científicos y médicos sin ánimo de lucro dedicada a hacer que la literatura científica y médica mundial sea un recurso público gratuito". Utilizan licencias creative commons que permiten la lectura, descarga, copia y distribución de los contenidos sin pagar por ello y el número de revistas creadas no para de crecer y están siendo catalogadas por Thomson Scientific con índices de impacto nada despreciables.

    Y ya que hablamos de los índices de Thomson Scientific, PLoS Biology ha publicado un artículo que ha estudiado la acumulación de citas en dos poblaciones de artículos publicados en los Proceedings de la National Academy of Sciences (PNAS para los amigos). Y es que esta publicación tiene dos tipos de artículos, unos de acceso abierto (sufragados íntegramente por los autores, y por tanto de más cara publicación de cara al autor) y otros de acceso restringido (el lector tiene que pagar para leerlos, pero el autor se ahorra lo suyo). Pues bien, la conclusión de Gunther Eysenbach es que los artículos publicados en acceso abierto acumulan citas más rápidamente que los de acceso restringido. De hecho, empiezan a acumularlas antes. Esto nos lleva a deducir que al eliminar las restricciones de acceso a un artículo aumenta su visibilidad, llega a una mayor proporción de la comunidad científica y lo hace de una manera más rápida, y el impacto del artículo, por lo tanto, aumenta.

    Para el científico, en resumen, el libre acceso al conocimiento no es sólo un ideal, sino el mejor medio para alcanzar la meta del método científico: difundir los conocimientos al máximo. Resistirse a ello, aunque sea por motivos económicos empresariales, es oponerse al avance de la ciencia. Y la ciencia avanza, caiga quien caiga. Las editoriales que no se adapten al nuevo modelo terminarán cayendo a la larga porque nadie querrá publicar con ellas, con sus índices de impacto cada vez más bajos. Por eso ya se vislumbran movimientos positivos en el campo editorial (cosas como esa de PNAS de que el autor elija si su artículo será de libre acceso o no). Cuanto más se extienda la moda, más presión sobre las editoriales para cambiar. Y al final, el paso al libre acceso será inevitable.

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Comentarios

1
De: mRiMA Fecha: 2006-06-14 03:53

Muy bueno el post.
Yo creo que realmente si nos estamos moviendo hacia las revistas de libre acceso. Sin embargo, no estoy tan seguro de que para los editores no sea el mismo tipo de buen negocio. Lo que tenemos que pagar para publicar un articulo en las revistas de Open Access (tb en las otras) es de cachondeo (1100E para publicar en cualquiera de las series BMC, otra iniciativa "similar" a la de PLoS). Y no entiendo en que se gastan la pasta. Sale a mas de 2 millones de las antiguas pesetas por numero, y el unico trabajo que tienen que hacer es ponerla en un formato para pdf. Porque el peer review es gratuito, se lo damos ya todo hecho y no hay gastos de imprenta...
La verdad es que hasta que vea el libro de cuentas de un editor no lo entendere...
Por lo demas, el Open Access tiene un "problema": podria hacer desaparecer las revistas en formato papel. A lo mejor ya me he vuelto un carcamal, pero tambien tienen cierto encanto, no? Tomarte un cafe en la sala de reuniones de cualquier centro del mundo y echarle un vistazo al ultimo numero de Nature, Science (o Evo&Devo o PLoS) o lo que se tercie...No se, tambien tiene su encanto, y desde luego, podrian dejar de existir por no ser rentables...



2
De: BioMaxi Fecha: 2006-06-14 04:03

Claro que también tiene su encanto. Por eso seguimos imprimiendo los artículos inmediatamente después de conseguir el PDF :-D Lo que pasa es que en mi futuro veo que en las salas de reuniones, en vez de prensa y revistas, habrá "láminas" con pantalla tamaño A4 por lo menos y conexión wifi para descargarse lo que uno quiera leer. Das a un boton y pasas página.... y cuando terminas de hojear (o se te acaba el café ;-) la dejas donde la encontraste y te vas a otra cosa.

((Por cierto que una de las cosas que más echo de menos del labo en el que estuve en Alcalá es que la sala de café fuese la biblioteca del departamento. Aquí el café te lo tomas o en tu oficina o en la cantina, así que la librería es el sitio menos transitado de todo el edificio y claro, así pasa que ya nadie lee las revistas en papel. ¿Para qué comprarlas entonces?))



3
De: BioMaxi Fecha: 2006-06-14 05:18

Por cierto, que fernand0 comentó ayer mismo el artículo de Eysenbach



4
De: mRiMA Fecha: 2006-06-14 09:37

Visto con tanto optimismo sobre el futuro, entonces si, pero tengo algo mas que dudas de que veamos eso nosotros (por lo menos no en espanya, ya que todo el mundo robaria las "láminas" con pantalla tamaño A4 por lo menos y conexión wifi"...

Por cierto, hablando de revistas de alta calidad y open-access, sabeis algo de la revista de la SESBE? Tengo tal descontento con la sociedad que aun ni pague la cuota del anyo, y no si llegare a pagarla...



5
De: BioMaxi Fecha: 2006-06-14 12:15

Pues ya no recuerdo dónde lo ví, pero creo que es un periódico Holandés el que está repartiendo pantallas de esas a sus suscriptores, que ahora en vez de tener que depender de que llegue el paperboy se descargan el PDF del día...



6
De: Ana Fecha: 2006-06-14 16:24

Muy bueno Maxi. Me das una tremenda alegria al fomentar este tema. PLoS fue una apuesta que hicieron gente con vision de futuro ya que muchos eran escepticos de que una nueva publicacion pudiera tener el impacto que ha adquirido esta en tan poco tiempo, y esto es reflejo de la mentalidad del "se puede hacer" que tanto admiro de este pais. Al ser de acceso abierto cualquiera se puede hacer con los articulos cientificos GRATIS con tan solo ir a su pagina de web: www.plos.org. La otra iniciativa de acceso abierto es la de BMC (BioMednet Central), asi que tenemos varias revistas ahora con trabajos interesantes que estan abiertas a cualquier persona.

Tambien comentar que yo tampoco entendia el porque de los gastos de publicacion habiendo mis jefes anteriores desembolsado una buena cantidad de dinero en publicar sus datos. Menos me sorprende ahora que en discussiones sobre la publicacion de catalogo de nuestra empresa me han dicho que cuesta ,000/pagina. Me quede de piedra.



7
De: Ana Fecha: 2006-06-14 16:26

cinco mil dolares por pagina (que el numero no ha salido en mi anterior post)



8
De: Evolutionibus Fecha: 2006-06-14 23:32

Palmaria cuestión. Lo que cuentas afecta no sólo al mundo científico, sino al literario en general, incluso al de la edición audiovisual. Las empresas de este tipo intentan exprimir al máximo un negocio que ya es anacrónico desde todos los puntos de vista. El libro y la revista seguirán existiendo (¡por favor!), pero serán un soporte minoritario. A la larga, las empresas se darán cuenta de las ventajas del open access.



9
De: Jesús Fecha: 2006-06-16 11:26

Sitios como el propio PLoS, el Directory of Open Access Journals o el Journal@rchive son buenas iniciativas, pero en la era de internet, basta con tener espacio en un servidor y un gestor de contenidos para que un laboratorio cree su propia publicación on-line.



10
De: Anónimo Fecha: 2009-02-11 01:28

apesta



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