2009-06-30

    El periodismo (científico) en la encrucijada

    Ayer fue el examen del tercer módulo teórico del máster de periodismo científico que estoy haciendo. Ya sólo queda defender el proyecto para acabar. Y fue ayer y no hoy, como estaba programado, porque una compañera va a asistir a la 6th World Conference of Science Journalists que empieza hoy en Londres. Lamentablemente servidor de ustedes no tiene dinero para atender a tan oportuno evento y los intentos que hicimos los alumnos por encontrar subvención para asistir fueron baldíos. Una auténtica lástima, porque, viendo el panorama, probablemente ese dinero habría estado mejor invertido que el destinado al resto del máster.

    Si echáis un vistazo a las últimas historias por aquí aparecidas, todas tienen que ver con el periodismo científico. No es que uno sea monotema (aunque un poco sí) sino que realmente estamos en un momento clave para la profesión. Si hasta Nature ha abierto un portal dedicado al tema. Por cierto, no dejéis de leer el último editorial. Vale que ellos también sean parte interesada, pero la realidad es como es.

    El periodismo, así en general, se va al carajo. El modelo de negocio se derrumba, venía en una larga decadencia y todos temen que la actual crisis le dé el golpe de gracia. Cada vez hay menos dinero para publicidad en papel y la on-line no crece al ritmo necesario como para hacer que simplemente se cambie de soporte. Periódicos y revistas cierran, o despiden a la mitad de sus plantillas para seguir a flote. Corresponsales en lugares remotos, adios. Periodistas especializados en temas concretos (como por ejemplo la ciencia), adios.

    Curiosamente, ambas facetas de esta profesión están siendo desempeñadas, cada vez más, por bloggers. Gente que está donde pasa algo y que, sin ser periodista profesional, lo relata o lo retrata. O gente que, siendo experta en algo, decide hablar de ello (como lo que yo venía haciendo aquí hace ya un tiempito).

    La libertad de prensa es un derecho esencial en las sociedades modernas, y no puede ser sustituido por la simple libertad de expresión. Ser periodista no consiste sólo en contar algo, sino en la manera en que se cuenta. Desde luego no se trata de hacer de testigo presencial, o de repetidor de algo de lo que nos hemos enterado, o de dar nuestra propia opinión. Consiste en investigar los hechos, en contrastar fuentes y en elaborar la información para que el lector capte lo esencial de la forma más eficaz posible. ¿Puede hacerse esto desde un blog? Por supuesto que sí, pero no tiene por qué. 

    Por lo tanto, en mi opinión, es mal consuelo pensar que no pasa nada si desaparecen los medios tradicionales porque los blogs están ahí para sustituirlos, porque la parte importante del trabajo del periodista no la hará el blogger, sino el lector. Y eso es como decir que no pasa nada si desaparece la función del abogado de oficio, que el ciudadano es el más indicado para llevar su propia defensa.

     

    PD. Mañana empiezo a trabajar para Público. Becario en la redacción de ciencias, 3 meses. Algo es algo, con la que está cayendo ;-)


    2009-06-04

    Los eslabones perdidos de la comunicación científica

    Tradicionalmente, los científicos nos hemos venido quejando de la poca calidad del trabajo de los periodistas al cubrir noticias científicas. Que si titulares sensacionalistas, que si falta de rigor, que si no se han enterado de la misa la mitad...

    Una de las consecuencias de la proliferación de medios on-line y, al mismo tiempo, la reducción de plantillas en dichos medios, es que cada vez abunda más un tipo de periodismo que se parece mucho a lo que hacen los blogs al reproducir contenido encontrado en otro sitio. Francamente, no sé quién le copió la idea a quién, si los blogs imitan a los medios o si los medios se están convirtiendo en blogs, pero el caso es que uno termina encontrando el mismo despacho de agencia reproducido (o tan sólo ligeramente editado) en cantidad de diferentes medios.

    ¿Esto es algo bueno o malo?

    Para los científicos, cansados de la mala labor de la cadena informativa, supondrá algo bueno, cabe pensar. Hacen un descubrimiento, van a su gabinete de prensa, publican un comunicado a su gusto y dicho comunicado aparece tal cual, o casi, en multitud de medios de comunicación.

    Ejemplo: Investigadores del Institut Català de Paleontologia(ICP) publican en PNAS el descubrimiento de un fósil homínido. Los redactores de ciencia de los distintos medios procuran estar a loro de lo que se publica en las revistas más importantes, pero, por si acaso, y para darse bombo, la institución involucrada emite su correspondiente nota de prensa. En España tenemos desde hace poco el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), que pretende agrupar todas las noticias científicas producidas, donde encontramos este despacho del ICP.

    Por si fuera poco, existen las llamadas agencias de noticias que estan vigilando constantemente qué se cuece en el mundo para producir despachos que luego venderán a los medios de comunicación que no hayan podido cubrir de manera directa los acontecimientos. Aquí tenemos el trabajo de Europa Press en este caso. (Ojo, esto fue publicado en su web después de que los medios recogiesen la noticia, y, por tanto, su comunicado original, de pago)

    Y llegamos a los medios. Aquí, dependiendo de los recursos de cada uno y los intereses editoriales, podrá suceder que:

    •  No haya nadie especializado (o siquiera interesado en ciencia) y la información del descubrimiento llegue únicamente a través de los despachos de agencia, que, cuanto más pequeño sea el medio, o menos interés despierte la noticia en el editor de turno, pasará a ser reproducida tal cual, generalmente cortando los párrafos finales para ajustarse al espacio. La información no periodística pero sí (valga la redundancia) informativa contenida en el comunicado se pierde.
    •  Medios con redactores interesados en el tema harán una edición propia del comunicado recibido a través de agencias. Pongo por ejemplo el caso de RTVE.es que, si se compara con el comunicado del ICP, veremos que difieren en la posición de los párrafos en el texto, pero apenas en el contenido total. Algo de edición para hacerlo más periodístico, y fuera. Esta gente usa la información de los párrafos finales del comunicado para salpimentar los datos periodísticos y que parezca que han hecho algo de investigación propia. Suelen quedar bien, dependiendo de la calidad del despacho original.
    •  Medios con redactores especializados en ciencias. Aquí la noticia llega por diferentes vías y hay gente con el tiempo suficiente como para acudir a fuentes primarias y redactar un texto propio. Dependiendo de la pericia / competencia / conocimientos propios sobre el tema / experiencia del redactor, la noticia saldrá bien o con los errores que tanto cabrean a los investigadores. Paleofreak ya ha hecho una selección para este caso.

    Es decir, teniendo en cuenta la situación de los medios hoy día, el poder en la cadena de información está cada vez más cerca de las fuentes primarias. Lo que ellas digan es lo que va a salir, sin apenas contrastación. Eso, que en general es malo, me temo que es bien recibido por parte de los científicos (particularmente de las instituciones científicas). Lo malo es que así lo único que se consigue es que salgan en la prensa párrafos como éste:

    Con anterioridad, se había propuesto que los géneros Griphopithecus y Kenyapithecus, pertenecientes al grupo de los afropitécidos kenyapitecinos y presentes en Eurasia y Africa hace unos 15-14 millones de años, eran el grupo más estrechamente emparentado con los homínidos. Sin embargo, esta hipótesis no se había podido probar debido a que el material fósil disponible era demasiado fragmentario.

    Muy informativo, sí, si el lector sabe de qué carajo le están hablando, claro.

    Para eso sirven los periodistas científicos, para leer eso y decidir si es relevante contarlo y, si lo es, cómo contarlo para que la gente se entere de algo. Por eso hacen falta periodistas científicos en los gabinetes de prensa de las instituciones científicas y por eso hacen falta periodistas científicos en los medios de comunicación, para que la información llegue del científico al ciudadano común. Si se salta alguno de estos pasos, si se pierde un eslabón en la cadena, el mensaje simplemente no llega al destinatario, o, peor aún, llega distorsionado.

     


    2009-05-26

    “La comunicación científica es demasiado importante para dejarla en manos de los científicos”

    La frase la acabo de leer en un post de Pere Estupinya, pero ya la había escuchado antes en boca de algunos de mis profesores de periodismo científico. Aquí ya hemos hablado mucho sobre los errores de los periodistas al hablar de ciencia. Pero, para ser del todo honestos, no siempre son ellos los culpables.

    Muchas veces son los propios científicos los que, al ponerse en el centro de la atención mediática, consiguen un efecto contrario al que sería deseable (que no tiene que coincidir con el deseado). Esto lo he visto en mi corta experiencia en el gabinete de comunicación de una institución investigadora pero para todos será más evidente con el caso de Ida. El científico, dejándose llevar, rebaja el rigor, o dice cosas que no aclara y generan confusión, y claro, se lía. Para evitarlo no son pocos los que proponen que la comunicación de la ciencia no la hagan los propios científicos, sino expertos en comunicación (es decir, periodistas). 

    Pero claro, el periodista, dejándose llevar por la noticia y confiando en el rigor de la fuente (¡se trata de un científico!) rebaja el suyo y no contrasta lo que le dicen. Total, no es experto y no va a saber distinguir 8 de 80. Así nacen las noticias que luego aquí y en otros sitios tanto criticamos. Esto, como regla general, lleva a que los científicos pidan que sean ellos los encargados de comunicar sus descubrimientos.

    ¿Cuál es la solución? Muy sencillo: generar periodistas especializados en comunicar ciencia, obvio. Pero lo que no es tan obvio es qué resulta mejor, dar formación periodística a científicos o científica a periodistas.

    La primera garantiza que sabrán mantener el rigor y que probablemente hagan un mayor esfuerzo divulgativo, beneficiando a la ciencia. El problema es que sus textos tenderán a ser infumables, carentes de interés periodístico o personal, algo que motive a los lectores a leer (recordemos: ya no están en la escuela). En algunos casos excepcionales pueden surgir unos magníficos divulgadores, eso sí, pero no periodistas.

    La segunda opción garantiza que el periodista aprenderá a desenvolverse en el mundo de los científicos, a manejar la jerga, saber evaluar las fuentes. Esto garantizará que sabrá encontrar lo noticioso, lo importante, detrás de cada descubrimiento, o será capaz de escribir unos reportajes que interesen a más lectores que los que ya están predispuestos a leer sobre ciencia. La pega: es prácticamente imposible que su dominio de la materia llegue al nivel de un experto, así que el rigor de sus textos dependerá en última medida de la honradez/experiencia de aquellos a quienes consulte.

    ¿Hay una tercera vía? ¿Grupos mixtos, periodistas y científicos colaborando? Esta es la vía que proponen muchas instituciones científicas, cambiando la filosofía de sus gabinetes de prensa para que pasen de ser gestores pasivos del interés periodístico a actores activos en la creación de noticias. El problema: la confusión de objetivos.

    El circo mediático formado alrededor del fósil (o del acelerador del fin del mundo, o de cualquier otro evento científico de relieve), en el que los científicos se metieron a fondo, ha servido para difundir falsedades y generar más confusión que a valorar la importancia real del hallazgo. Lamentablemente en el mundo en que vivimos a la ciencia hay que convertirla en espectáculo o si no no se le hace el más mínimo caso, como al resto de actividades culturales, deportivas o incluso políticas. Los científicos, si acceden a entrar en el juego, pueden sacar bastantes beneficios: la notoriedad atrae patrocinios, pone de tu parte comités evaluadores de la importancia de tus descubrimientos, publicas más alto, consigues más fondos y, en fin, consigues perpetuar tu actividad científica en el tiempo.

    Y quien dice científico, dice institución. Es pues fácil que los gabinetes, creados para dar difusión, degeneren en herramientas de márketing empresarial puro y duro, y es de ellos de los que beben los periodistas (científicos), quedando comprometida la veracidad de toda la cadena informativa.

    Difícil solución veo, salvo la autorregulación del propio sistema gracias a la creciente experiencia (y número) de periodistas científicos. O, claro está, que la sociedad cambie por completo su escala de valores y se oriente hacia el conocimiento en vez de hacia el entretenimiento. Por soñar que no quede.

     


    2009-05-25

    Echando cuentas, con los datos en la mano.

    2009-05-20

    En busca del rigor perdido

    El siguiente texto aparecerá como editorial en la prestigiosa (ejem) revista cerocoma:

    Descubierto el eslabón perdido de la evolución humana. Éste, o una variante suya, ha sido el titular elegido por los medios de comunicación para dar cuenta de la noticia del descubrimiento de Ida, el fósil de una especie de primate (Darwinius masillae) que vivió hace 47 millones de años. También fue ése el titular, si bien con un tinte más localista, el utilizado hace 5 años para informar del hallazgo de Pierolapithecus catalaunicus. En realidad, cada vez que se produce un descubrimiento paleontológico significativo, y especialmente si el fósil pertenece al linaje humano, los periodistas recurren (recurrimos) al manido “encontrado eslabón perdido”.

    Parece que da igual que esta expresión, heredada de los comienzos de la paleontología evolutiva como disciplina científica, ya no esté en uso entre los científicos. Es más, parece que dan igual las protestas que surgen de entre los paleontólogos, antropólogos o biólogos evolucionistas en general, hartos de tener que aclarar que ni el eslabón perdido era catalán ni mucho menos eslabón, porque eso implicaría que la evolución es una sucesión lineal de especies y no el complicado proceso de ramificación y coexistencia que en realidad es. Con lo sencillo que sería sustituir las dos palabras “eslabón perdido” por las otras dos “fósil transicional”, alegan.

    Pero es que los científicos no son periodistas, así que no pueden entender que no se puede permitir que los hechos (mucho menos las teorías) estropeen una buena historia. Por manida que sea. Luego no nos quejemos de que nos acusen de falta de rigor o de la aparente hostilidad con que nos tratan algunos cuando recurrimos a ellos para informarnos. Si los periodistas, siempre vigilantes, ponemos el grito en el cielo ante los casos de fraude científico (pocas cosas hay peores que un científico que ignora el rigor debido), es normal que los científicos hagan lo recíproco. Lo que no es normal es ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio una y otra vez.

    El periodismo y la ciencia comparten, o deberían compartir, principios y metodologías. En ambos campos se investiga, los datos se contrastan y el profesional debe ser lo más escéptico y objetivo posible, para no dar por verdadero nada que no lo sea. Por eso, precisamente, cuando se hace periodismo científico el rigor debería estar por encima de todo, especialmente por encima de cualquier titular, por atractivo que sea. Si hacemos caso a la pirámide invertida, por mucho que hayamos cuidado la redacción del cuerpo de la noticia o el reportaje, lo que el lector se va a llevar a casa es el titular. Debería ser, pues, el último sitio donde rebajar el rigor exigido.